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Emma Darwin

Os invito a leer esto:

http://blogs.periodistadigital.com/ciencia.php/2009/01/26/enm-darwin-teoria-chals-6161

Charles Darwin nunca convenció a su esposa, Emma, sobre su teoría acerca del origen de las especies, de cuya publicación se cumplen 150 años en 2009, lo que explicaría que el investigador tardara años en sacarla a la luz, posiblemente por las reticencias religiosas de su mujer, según la bióloga Mercè Piqueras.

La idea de una evolución de las especies por una selección natural, sin intervención divina, no era del agrado de Emma Darwin, quien, a pesar de ser una mujer cultivada desde el punto de vista clásico -tocaba el piano, hablaba varios idiomas, había viajado por Europa e incluso le gustaba hablar de política- mantuvo siempre sus profundas creencias cristianas y sufrió por el escepticismo de su marido.

La bióloga Piqueras, que esta semana ha ofrecido en Barcelona una charla sobre la "influencia" de la señora Darwin en un ciclo organizado por el Instituto de Estudios Catalanes, ha explicado que, no obstante, la fe de Emma nunca fue obstáculo para que este matrimonio victoriano funcionase sin casi fricciones.

Charles y Emma, que eran primos y se conocían desde niños, no sorprendieron a nadie en sus familias, cuando en 1839 decidieron unir sus vidas, dos años después de que el científico hubiera regresado de su largo viaje por Sudamérica (1831-1836) a bordo de la fragata Beagle, la expedición en la que recopiló los datos que le permitieron desarrollar sus cuadernos sobre la transmutación de las especies.

Los Darwin se instalaron entonces en Down, en el condado de Kent, al sur de Londres, donde el naturalista, que había regresado muy mermado de salud tras su viaje, se dedicó al estudio, entre las visitas de los amigos y los esmerados cuidados de Emma, con la que tuvo diez hijos y que solía asistir a algunas de sus reuniones y discusiones con los colegas, recuerda Piqueras.

Los reveladores trabajos acerca de la evolución y, sobre todo, la muerte a los diez años de su hija favorita, Annie, tras una larga agonía por fiebres, hicieron que Darwin abandonara su fe religiosa.

"No había conflicto en el matrimonio, pero a ella le preocupaba mucho la falta de fe de su marido y a él ver a Emma sufrir, explica.

Aunque liberado de los prejuicios creacionistas imperantes en la época, el científico inglés no se decidía a hacer públicas sus ideas evolutivas, por miedo, quizás, a la reacción de la sociedad, pero, sobre todo, a dañar los lazos que le unían con su esposa.

Sólo cuando otro investigador, Alfred Rusell Wallace, publicó el artículo titulado "Sobre la ley que ha regido la aparición de especies nuevas", con un planteamiento sobre la adaptación de las especies muy similar al que Darwin trabajaba en privado, se puso éste a escribir para desvelar su teoría, explica la divulgadora.

A pesar de la convulsión que provocó la publicación de "El origen de las especies", la comunidad científica aceptó rápidamente los planteamientos de Darwin, un reconocimiento que fue insuficiente para su mujer.
De hecho, Emma, que sobrevivió catorce años a Darwin, llegó incluso a censurar algunos fragmentos de la autobiografía de su marido "porque siempre le preocupó que el mundo viera a Darwin como un ateo, porque pensaba que ciencia y Dios eran compatibles".

¿Qué os parece?

Monogamia y genes (de E.Punset)

Vuelve a ir el tema de animales, en el sentido biológico.
No me quedé nada satisfecha de mi anterior entrada, aún me queda retirar banquillos y acomodar incomodidades, además de seguir argumentando sin mis propios pejuicios.
En este caso, el texto de Punset me parece más que interesante e impecable, me sirve de respiro.
Espero que os guste.

El mito de la monogamia
por Eduard Punset

Cuentan las malas lenguas que en la década de los años 20 el presidente Coolidge de Estados Unidos estaba de visita oficial con su esposa en una granja. A cada uno se le asignó un itinerario distinto, de manera que cuando el guía le estaba explicando al presidente los secretos de un gallinero, le dijo: “Su esposa me ha recalcado que le recordara que el gallo que puede vivir en el corral rodeado de gallinas hace el amor todos los días”. A lo que el presidente Coolidge contestó con una pregunta: “¿Con una sola de ellas?”. “No, no, no” fue la respuesta inmediata del guía. “Pues dígaselo así a mi esposa” fue la réplica presidencial.

Parecería evidente que el presidente de los Estados Unidos en la década de los años 20 –no recordado, precisamente, por sus grandes aciertos– compartía, no obstante, con los biólogos del futuro la opinión de que la monogamia en la pareja no es una situación tan ‘natural’ como todavía hoy muchos siguen pensando.

La realidad de las últimas investigaciones, como las de los científicos norteamericanos David Barash y Judith Lipton -con quienes coincidí en México en La Ciudad de las Ideas-, son contundentes y podrían resumirse diciendo que entre los mamíferos y, particularmente, entre los primates sociales no es fácil constatar la monogamia como práctica habitual. Los pájaros, en cambio, son monógamos –aunque mucho menos de lo que pensábamos hasta hace muy poco tiempo–. Por último, tanto los pájaros como los humanos practican la monogamia social y la inversión parental, pero ambos son no monógamos desde la óptica puramente sexual.

La conducta que podemos tildar de variedad sexual está condicionada no tanto por la búsqueda de la diversidad como por la de la calidad. En otras palabras, se otorga inconsciente o conscientemente una gran importancia a la salud y la belleza y, por lo tanto, a los genes. Ahora bien, la pregunta es inmediata y no puede hacerse esperar: ¿cómo se sabe dónde están los buenos genes? ¿Cómo puede saber un miembro de la pareja, que no cuenta con un microscopio ni con el equipamiento necesario, que los genes del otro son buenos?

Una especie de ranas –concretamente el macho de las ranas de árbol grises– nos da una primera pista. El macho que goza de mejor salud, y por consiguiente de mejores genes, tiene un canto inconfundiblemente más prolongado. Otras veces las señales no tienen que ver con el sonido, sino con los colores; sobre todo, en el mundo de los peces y los pájaros. En el caso de los humanos y de gran parte de insectos y mamíferos, la señal determinante es el nivel de fluctuaciones asimétricas; si este nivel es inferior al promedio, el organismo en cuestión está exteriorizando que su metabolismo funciona perfectamente y que, por lo tanto, sus genes son envidiables. En caso contrario –no hay simetría en las facciones– se está anticipando que las huellas del dolor y de las enfermedades han distorsionado el perfil hasta el punto de que su nivel de fluctuaciones asimétricas es superior al promedio; estamos contemplando el subproducto de genes defectuosos.

A los lectores a los que les cueste admitir el papel determinante de la simetría como detector de la ausencia de enfermedades, y consecuentemente de la belleza buscada, les recomiendo que recuerden que la mayoría de las decisiones que tomamos forma parte de los mecanismos del inconsciente. Son centenares de miles de años de experiencia que expresan, por la vía del inconsciente, una preferencia por la salud y la ausencia de dolor que escenifican una cara y un cuerpo simétricos. Claro, de estos lectores habrá a quienes les cueste más aún admitir que la mayoría de sus decisiones no son conscientes.

http://www.eduardpunset.es/blog/?p=158

Error¡

He cometido un error.

Aún no sé de que grado, pues depende de cómo se pueda sentir el afectado.

El malestar que nos produce "meter la pata" es directamente proporcional a lo que nos importe la persona que lo recibe.

Durante algunos segundos imaginaba hacer un pacto de silencio conmigo misma, total, igual ni se entera....
Pero Pepito Grillo me ha quitado rápidamente la idea y aquí estoy, lamentando mi impulsividad, huyendo de justificaciones y esperando que el temporal sea breve y pasajero.

Igual tengo suerte y ha leído mi entrada sobre el perdón, quién sabe...

Es cosa de todos.

Me resulta tedioso esperar la salida de mi niño al lado del muro del colegio. Estoy deseando verle y me pone nerviosa la espera.
Ese muro alto, lineal, que recoge dentro un amplio patio que se llena a cada tanto de cientos de niños que juegan.
Los padres van llegando, rellenando huecos, pero ese día llegué temprano, tenía gran parte del muro solo para mi...y para un niño.
Un peque rubiajo de tres años, con uniforme del colegio (señal de que estaba allí para recoger a algun hermano mayor) que pateaba cansinamente la pared mientras decía claramente, y sin fuerzas: " gilipooollas, gilipooollas, gilipoollas¡¡¡
Me sorprendió y me desagradó bastante, vi que miraba hacia un grupo de madres que estaban a unos 6 metros, pero no había manera de saber quién estaba al cuidado de ese crio.
Pasados unos minutos de tal letanía, otra pequeñaja se le acerca, acaban los dos delante mía, a unos 15 metros del grupo de madres parlanchinas, toqueteando el depósito de gasolina de un coche.
Les digo, bajito para que no se me asusten, que no lo hagan, que eso es peligroso...
Al ratillo aparece la madre de la niña, se la va llevando diciendole que van a jugar a pillar o al veo veo (el niño y ella, no la madre) y la madre del niño, sin mediar palabra, se lo lleva cogiéndole por el antebrazo, ni le mira.
Y las he localizado, son sus niños, esperan a los mayores y hablan entre ellas.
Pero no tienen muchas ganas de aguantar al petardo cansado de tres años que, a esas horas, no puede ni tenerse en pie.
Inmediatamente el rubiales se va del grupo y se recuesta en el coche, le da patadas cansadas, flojas, a la rueda.
La calle ya está llena de gente, no es posible que la madre vea al niño desde donde está.
Se acerca, esquiva a la gente y llega hasta su hijo.
¿Que hace?
Me gustaría dejarlo aquí para ver que se os ocurre a vosotros...
Pero os lo voy a contar.
Simplemente le arrea tres cachetes en el culo que resonaron, y un cuarto en la nuca que no le llegó simplemente por el desplazamiento de los anteriores.
Cuando pasó a un milímetro de mí, arrastrando al niño del antebrazo (el crio ni lloró), alguien dijo alto y claro: "a los niños no se les pega, se les habla"
Me dí cuenta de que había sido yo, lo dije sin pensar por la ira que me invadía, cuando esa madre se revolvió, me tachó de loca, de tonta, de imbecil, gilipollas y mil cosas más a la par que lo contaba a su grupo y me señalaba con el dedo.
Creí morir...de ira y de indignación, no de vergüenza.
Lo más triste es que, con su niño en brazos, exponiéndomelo ordinariamente, me chillaba: ¡qué, quieres mantener una conversación con el¡
Me confirmaba que para ella un niño de tres años es solo un trozo de carne...
Yo le dije, lo más tranquila que pude, que ya hablo yo con mis hijos, que es lo que tengo que hacer.
En fin, la situación se fué calentando por parte de ella, yo pasaba y ella me persiguó por el patio, chillando, repitiendo insultos y...dandome golpecitos...y yo que no me toques, con dientes cerrados...
Hasta que alguien se la llevó.
Yo sigo esperando a mi hijo en el mismo punto de aquel día, pero esas madres y esos niños no están, no han vuelto a ponerse delante mía, de momento...
Después de todo esto, vino mi momento autocrítica, no soy la madre perfecta, ni puedo decir que no he dado algun cachete, desgraciadamente. Y tampoco puedo juzgar a esa madre por ese momento.
Sin embargo, cuando esa madre indignada (a nadie nos gusta que nos corrijan en público) me decía a gritos "para que te metes, no es asunto tuyo¡¡¡", del fondo de mí salía mi voz sin pensar, como un resorte :"es cosa de todos, de toda la sociedad"

Contador de visitas

No soy adicta a mirar los contadores de visitas ajenos, a veces los reviso, por curiosidad, por saber cuanta gente tiene el mismo gusto que yo por determinada web.
Y me asombran, normalmente las cifras son como para adular a una ciudad entera llena de ciudadanitos..
Esa misma curiosidad me llevó de la manita a buscar un contador para mi blog, sabiendo a ciencia cierta que las visitas iban a ser pocas, pero bueno, no me importa, si me lee alguien es suficiente.
Al fin y al cabo, escribir en un blog no es más que dejar de esconderte y, en cierta manera, esperar que alguien, desde alguna parte del mundo (¡que ilusión¡) o desde tu mismo vecindario, te conteste.
Mi primera tragedia fué comprobar como cualquier contador gratuito te hace rellenar datos y más datos y, al final, te pregunta con cuantas visitas quieres que se muestre tu contador....claro, claro, esto es una cosa de la red, un inventito, no es un notario, que ilusa que soy...
Yo puse el mío en cero pelotero ¿a qué engañarme y engañar? ¿que tontería, no?
Yo sé las visitas que tengo, muy pocas y muy válidas para mí, pero ya no se si creer en las visitas que registran otros contadores, un lio...
Mejor disfruto de los blogs sin más y allá cada cual con su cuentakilómetros amañado..