¿Mamá, la luna es blanca?

Esa pregunta me la hizo mi hija una noche de camino al aparcamiento, era tarde, estaba cansada y le respondí airadamente, enfadada, saturada...¡pues claro que es blanca, no lo ves¡(craso error)

Tres hijos en cinco años, todos preguntones (afortunadamente), a veces no daba más de mí, y la pregunta, por obvia, me sacó de mis casillas (mal hecho).
Años después descubrí que yo había malinterpretado la pregunta, mi hija se refería a que si la luna, de cerca, es del color que vemos de lejos.

Y yo no la supe entender.
Ahora esa pregunta se ha transformado en una anécdota que denota mi torpeza en ese momento y su enorme inteligencia para, siendo tan pequeña, ser capaz de hacer una pregunta tan sintética y correcta dentro de la lógica.

Admiro a mi hija y pretendo superar mis errores.

Te adoro, Isel.

5 comentarios:

Lenka dijo...

Me quedo con dos cosas. Una: la inteligencia de Isel (haces bien en dar gracias por tener niños curiosos. No hay prueba más obvia de que piensan!)
Dos: tu capacidad para darte cuenta de esos detalles, valorarlos como algo extraordinario y tomar nota para no equivocarte más tarde.

No hay cosa más siniestra que oír a ciertos padres asegurar (convencidos!) lo bien que lo han hecho todo siempre. Carecer de autocrítica me parece terrible. Y no se trata de machacarse uno por cada tropiezo, sólo de una sana objetividad. No???

Y no hay cosa más triste que ver y oír a ciertos padres poner los ojos en blanco de puro hastío desde que sus hijos nacen hasta que se independizan (casualmente son los que luego se lamentan de lo malos y descastados que les salieron). Eso lo veo mucho. Padres que siempre están cansados para contestar, hablar, jugar, escuchar. Padres que cumplen las rutinas mínimas, pero se quejan abiertamente de lo pesados, aburridos, coñazos, tercos y absurdos que son sus retoños. Las más de las veces delante de ellos.

No se calla nunca, no para quieto, siempre está con sus tonterías, me saca de quicio, esto es un castigo... se oyen demasiadas veces cosas así. De momento he logrado morderme la lengua, pero como la edad me vuelve cada vez más radical, es posible que a partir de ahora responda con un: "podrías explicarme por qué demonios has tenido un hijo??"

Un beso para ti, Kaken, y para tus enanos (ya no tan enanos!) preguntones.

Juan dijo...

Pues mis tres hijos también preguntan mucho. Y las buenas tertulias que nos montamos tras almorzar o cenar alrededor de la mesa gracias a eso.

Madres perfectas no hay y, las que quieren ser perfectas, están tan agotadas que no disfrutan de su condición.

A cualquier padre o madre creo que tan sólo se le puede pedir que sea él mismo, con todas sus imperfecciones e incoherencia, y que respete a sus hijos. Respeto en el más amplio sentido de la palabra.

Demasiados padres dicen querer a sus hijos pero en su trato cotidiano no los respetan.

Alberich dijo...

Hijos curiosos...una bendición, no?
Seguro q,además,son guapos ;)

Kaken dijo...

Jajajaja, Lenka, me gusta más tu comentario que mi entrada¡
Y estoy de acuerdo con lo que reflejas, desgraciadamente hay demasiados padres que se victimizan en vez de disfrutar de sus hijos, que es lo mejor que nos puede pasar.

Que coincidencia, Juan, yo también tengo tertulias postmanduca¡ ;-)

Albe, claro que son una bendición, así los vivo, me da coraje equivocarme con ellos, me horripila hacerles daño.
Guapos? A mí me lo parecen,y más por dentro que por fuera, en serio.

Gracias por vuestros comentarios, besos gigantes para los tres.

Portorosa dijo...

(No sé por qué, mi último post enlazaba a este...)

Cómo pesan esos momentos, ¿verdad? Aunque los reconozcamos, aunque los arreglemos y aunque estemos seguros de que para ellos han acabado bien, que no pasa nada, cómo pesan las malas reacciones. ¡A mí me hacen verme tan injusto!

Pero bueno, es importante no dejar que esa culpa lo eche todo a perder: arréglarlo y aprender, sobre todo aprender.

Un beso, Kaken.