25 años juntitos.

Pues sip, tal día como hoy, a la nueve menos cuarto de la tarde, Juan y yo nos casamos.
Es, sin duda, lo mejor que he podido hacer en mi vida.

Han sido años duros, de acoplamiento, de aprendizaje, de crisis de todo tipo.
Pero hoy tengo a mi lado al ser más maravilloso que pudiera imaginar.
No es un príncipe azul, ni siquiera es rubio y tiene los ojos azules.
Ni falta que le hace.

Es un ser puro, limpio, zen¡ Hace el bien por donde pasa, porque se da tal cual es.
Entra en el gimnasio (acudimos juntos, milagro¡) e inmediatamente se escucha ¡hola, Juan¡ por todas partes, jajaja, a mi nada de nada, jajajaja¡

Desde hace bastante tiempo, desde que los niños pueden quedarse solos en casa, salimos a caminar juntos, nos pateamos Sevilla, hacemos senderos y...no paramos de hablar.
Llegamos siempre al mismo bar, en la Alameda de Hércules, donde una camarera guapísima y adorable nos sirve siempre lo mismo si necesidad de pedírselo: un café con leche, un zumo de naranja (natural, por supus) y dos cervezas (esas son mías, es lo que tiene el vicio).

Y allí nos podemos pasar una hora hablando, observando, da igual, lo que sea, estamos tan a gusto....
A veces, en días de mucho calor, llegamos al bar empapados, pues nos metemos en los surtidores de agua que hay en la Alamenda,como si fueramos niños, todo un lujo.
Mi hija me pregunta ¿no os cansáis de estar juntos? Y le explico que no, de ninguna manera. Siempre hay algo que contar o que recordar. Y hasta el silencio es compartido.

El me ha hecho el mejor regalo, lleva meses preguntándome qué quería: un viaje a mi medida, un ipad, un iphon, no sé, mil cosas. Y le he dicho que mi mejor regalo ya me lo ha hecho: no ha parado de pensar en mí, no necesito nada más.

El no pensaba ir hoy al gimnasio, yo le he dicho que sí, que vamos (a mi me cuesta, a el le encanta y lleva razón) que les contaremos a todos que estamos de aniversario, lo compartiremos con ellos y luego, a cenar solos (los niños dicen que no se apuntan, que tenemos que ir solitos, jajaja¡)

Además de hacerme tres maravillosos hijos, Juan no ha parado de empujarme suavemente hacia cosas positivas para mí, ya sea en deporte, en bienestar mental o material, en apoyarme, en cuidarme, atenderme, tratarme simplemente como a quién soy sin intentar en ningún momento hacerme daño o aprovecharse de mí.

Es la mejor persona que he conocido.
Hace un rato que nos hemos despedido y ya estoy loca por verle de nuevo.

Feliz, feliz aniversario, mi niño, te quiero.

(Ah¡, y Dios nos libre de Don B¡¡¡;-))